El hábito no te garantiza la Salvación sino tus actos: debes tener poca fe en el Reino de Dios cuando incumples su Ley a la vista de todos. El tiempo corre y se apaga.
Entonces el cielo se cierra con nubes de amenaza terrible y humillante desperdicio (tanto esfuerzo, tanto esfuerzo); vienen con la Muerte a cuestas, alrededor y dentro. Sopla el viento, me ofrecen qué sino algo parecido al vacío inflamado, cruces invertidas, delirios obscenos y luces negras. Hay dolor. Vienen a mí con la Muerte a cuestas, sin complejos ni temor; cierro los ojos y los ignoro: tal es mi desprecio. Al final se podría elaborar un susurro fuerte de rechazo, tan estruendoso como eficaz; y los muertos perderían ese poder absurdo. Todos parecen interesados en eliminar el alma. Ruedan como entre fiebres. No perderé el alma, es mi única posesión; el cielo se cierra sin remedio, fúnebre concepto: tu dios no es mi Dios.