Donde hay Fe, la semilla germina. Incluso en vidas sucias y perdidas: hay que saber mirar.
El calor ablanda los tejidos, ralentiza la actividad y obliga a las bestias a esperar al crepúsculo para cazar. El aire es pesado y no tiene piedad ni ayuda. El silencio palpita, furtivos movimientos cerca: hay acecho. Y luego en la noche se escuchan lamentos, pero ya es tarde. El tiempo corroe porque puede.