Tú callas y obecedeces. Repites frases incrustadas y amplificas eslóganes baratos: eres un esclavo moral y un simple número entre la masa amorfa y acrítica. Un pequeño clon de tantos, un guijarro prescindible, un bulto amorfo. Yo soy libre y elijo.
Errol Flynn (¡Errol Flynn!) en Birmania y en Dodge City, los Robinsones de los Mares del Sur y la hermosa Isla del Tesoro y aquella peli japonesa donde plantaban al casarse un árbol y florecía al final, cuando moría la mujer. Dulce niñez de cine, con Sean Thornton ("Homérico") a golpes fraternales en un mundo demasiado hermoso, ay, Innisfree y Harold Lloyd y los Hermanos Marx volviendome loco y alegre como si no hubiera más que hacer. Danny Kaye. Gunga Din, los lanceros bengalíes y Beau Geste para soñar, para soñar. Alfred siempre: molinos y escalones. Y Traidor en el Infierno y El crepúsculo de los Dioses... Gilda... Ninotchska, ellas eternas. Ingrid. A veces me iba de guerra con Cary o con Gary, a veces disfrutaba con Glenn y su "cadáver recalcitrante". Gregory cuidando de sus hijos o recorriendo el Gran País, Bogart en cualquier circunstancia. ¡Y qué sé yo sino ver a Louis de Funès o Rufufú...! ¡Quién sino Granger en Scaramuoche o en las minas, John Ford en to...