La derrota está ahí mismo, palpándote; sabes llegar titubeando, lloras, te encoges, quieres salir y entras, vas directo al desastre, aferrándote al no. Y te caes con tu pequeña derrota en el buche, sin querer y queriendo, por ver qué tal sienta. Así todas las derrotas de tu vida, guás indeformables que conforman tu paisaje lunar del pensamiento. Cada fracaso te aleja de tí y te acerca a tu esencia, enseñando las heridas de la vida. Pero ¿es agradable la caída? Difícilmente reconforta y, a la vez, te da calor: Por eso ardes con calor enfermizo, por la miseria que atesoras en tus faltas y volantazos salvajes. Jugando al fuego de siempre reconforta saber que el vecino es tan tonto como tú, y cualquiera se rie histérico de aquellos que muestran sus penosas debilidades en el rostro. Y no consienten que miren los propios rostros derrotados, acabados las noches negras de nuestra desolación. No sabemos escoger el camino limpio y la siembra rebosa fruto amargo. El suelo se tambalea, comienza el...
Bienvenido. Aquí encontraras apuntes, bocetos e impresiones de una mente atropellada, y son fruto del momento en que fueron expresados. No hay verdades esenciales excepto las del instante concreto: por eso las mantengo. No te enfades si te hieren o parecen injustas pues seguramente lo sean de alguna manera. Aquí se quedan como hijos frustrados. Intenta disfrutar, el objetivo es que algunas palabras y frases te entretengan. Entra.