Cuentan las crónicas bíblicas que en un momento dado de la Creación, Dios instauró las tinieblas junto con todo los demás. En principio acabó ahí la cosa y se echó a descansar el Buen Dios, pues vió que todo era bueno y, por lo visto, quedó bastante satisfecho de su obra inmensa. Pero hete aquí que pasaron los años, los siglos y los milenios y el Buen Dios decidió, allá por mediados del siglo XIX, que las tinieblas no eran suficientes y escogió a un barbudo para ennegrecer las tinieblas. Le creó medio tarado y sobre todo profundamente negativo, rencoroso, hipócrita y, en definitiva, malo hasta el tuétano; este desgraciado, instrumento divino, se llamaba Carlos Marx, y como todos los alucinados tuvo adeptos y vino una segunda oscuridad a nublar los corazones de los hombres. Pasaron unos años y el pensamiento marxista, adaptándose como un gurripato lleno de fiebre iracunda hacia sus semejantes, llenó de cadáveres su historia, que así se escribe realmente. Crímenes, dolor, falsedad y nuev...
Bienvenido. Aquí encontraras apuntes, bocetos e impresiones de una mente atropellada, y son fruto del momento en que fueron expresados. No hay verdades esenciales excepto las del instante concreto: por eso las mantengo. No te enfades si te hieren o parecen injustas pues seguramente lo sean de alguna manera. Aquí se quedan como hijos frustrados. Intenta disfrutar, el objetivo es que algunas palabras y frases te entretengan. Entra.