Errol Flynn (¡Errol Flynn!) en Birmania y en Dodge City, los Robinsones de los Mares del Sur y la hermosa Isla del Tesoro y aquella peli japonesa donde plantaban al casarse un árbol y florecía al final, cuando moría la mujer. Dulce niñez de cine, con Sean Thornton ("Homérico") a golpes fraternales en un mundo demasiado hermoso, ay, Innisfree y Harold Lloyd y los Hermanos Marx volviendome loco y alegre como si no hubiera más que hacer. Danny Kaye. Gunga Din, los lanceros bengalíes y Beau Geste para soñar, para soñar. Alfred siempre: molinos y escalones. Y Traidor en el Infierno y El crepúsculo de los Dioses... Gilda... Ninotchska, ellas eternas. Ingrid.
A veces me iba de guerra con Cary o con Gary, a veces disfrutaba con Glenn y su "cadáver recalcitrante". Gregory cuidando de sus hijos o recorriendo el Gran País, Bogart en cualquier circunstancia. ¡Y qué sé yo sino ver a Louis de Funès o Rufufú...! ¡Quién sino Granger en Scaramuoche o en las minas, John Ford en todos lados y la mirada de Clift el sacerdote, la risa loca de Widmark mucho antes de ser Bowie en El Álamo! y Henry Fonda paseando su Pasión de los fuertes. Todo queda, incluso la mujer loca de Jane Eyre y el pavor de una sombra del hijo muerto en la pared (¿peli o serie?). Recuerdo a los locos del oro negro y a Spencer volando de la grúa. Y, con mi padre, "¡Viva Zapata!" y "La ley del silencio". Y Mcqueen escapando en moto. "El rey y yo", "El tormento y el éxtasis".
Ha llovido desde entonces, pero quizás nunca estuve más cerca de la felicidad que en aquellos años en que uno, niño y sorprendido, entraba en el bar de Rick y disfrutaba esa atmósfera irrepetible. Me olvido mucho y a muchos pero no importa: ellos saben que estuvieron largo tiempo en mi corazón.
El Cielo es el cine amado por siempre y en sesión continua y allá Arriba espero tener una gran pantalla para disfrutar otra vez de ser niño y soñar asombrado, en grande. Y cuando el destino nos alcance en el planeta de los simios, seremos dos hombres y un destino (el niño y el hombre) dando el golpe sobre los marcados por el odio, conspirando en silencio como esos de la prisión de Raleigh ("¡El sopitas!")
Sí, todo es mío...
