La grosera, sencilla manera con que han reventado la sociedad clásica hace pensar en una decadencia prolongada, agudizada por la incontrolable degradación de las formas y costumbres ancestrales abandonadas por la modernidad. Pero la modernidad es efímera y en toda época existió el fenómeno con mayor o menor impacto sin consecuencias en la línea progresiva del avance social. ¿Qué hacer? Resistir como lo hicieron antes las víctimas de la Revolución francesa o la rusa, agazapadas durante las matanzas y esperando su momento para volver a florecer, volver a la vida. Igual que en la Revolución española, donde la sangre vertida casi arbitrariamente (y que ahora pretenden ocultar con mentiras grotescas) no fue suficiente para tumbar la voluntad de orden y certezas. Resistir además de detener la huída, plantarse en un "hasta aquí" para recuperar la marca; hacen falta personas valiosas y capaces de guiar un proceso de construcción hacia el orden evolucionado de la tradición, siquiera...